jueves, 31 de diciembre de 2015

UNA IGLESIA EN NIZA

Hace meses, paseando por la zona antigua de Niza, me encontré frente a una iglesia muy bonita, de un estilo entre barroco y neoclásico propios del siglo XVIII. Me llamó la atención lo que podía leerse en su fachada: “Divo Francisco A.Paula Charitas”.

Iglesia San Francisco de Paula, Niza
Dibujo a lápiz y tinta
Pude relacionar lo que hoy es Cáritas —una acción sociocaritativa de la Iglesia católica— con aquel a quien estaba dedicado el templo: San Francisco de Paula,  fundador de la Orden de los Mínimos, originario de la ciudad italiana de Paula, allá por el siglo XV y cuyo lema era la caridad.

De este hombre, eremita y muy buen cristiano, hizo alusión pública el Papa Pablo VI a mediados de los años 70. Dijo que “era un modelo de valentía para denunciar las malversaciones de los poderosos”. Una reflexión que, por desgracia, aún hoy en 2015, ni entienden ni escuchan demasiados cargos políticos de importancia.

Ajena al mundo en que vivimos en la actualidad, en el interior de esta iglesia francesa se realizan pequeños conciertos de música antigua; justamente hacia la primavera de 2016 se celebrará allí uno de música barroca.


Dejando tras de mí el edificio, retuve los pensamientos y su espléndida fachada. La dibujé con lápiz y tinta. Una iglesia nacida de verdaderos valores cristianos y que ahora respira belleza y música.

viernes, 11 de diciembre de 2015

DELFINES

La escritura, como arte que es, requiere voluntad comunicativa.  Con ella las ideas se lanzan con forma de palabras y ponen de manifiesto desde qué perspectiva se contempla el mundo. Todos sabemos que un libro también refleja cómo es el autor y su forma de entender la vida.


Cuando leí “El baile de los delfines” reflexioné mucho tiempo. Pensaba cómo la autora, Julia Villares Anllo, había lanzado sus palabras. Eran retales de la vida de una madre pintora junto a su hija enferma, una historia con mucho sentimiento que comunica un mensaje muy sabio: la necesidad de asimilar y superar los malos momentos que nos puede dar la vida hasta que una sonrisa tenga la última palabra.

"El beso del fin"
Acrílico sobre cartón 52x37
En esta lectura encontré muchos detalles preciosos, como el amor y el respeto a la familia, a la música y a la pintura, y también la esperanza en el futuro. Todo lo que  esboza a la perfección una sensibilidad muy honda. Pero, sobre todo, descubrí la cumbre de sus paisajes, durísimos detalles que nos plantea el temor a una enfermedad desconocida y rara, del tipo “no sé qué pasará mañana”, y el sufrimiento ante esos y otros momentos amargos e  insostenibles que se deben afrontar.


Muchos sentimientos afloran al leer este libro. Y me gustaría decir cuál fue para mí uno de los más emotivos y que me ubicó a las puertas del corazón de esta novela: el instante donde nos narra el por qué de un título tan profundo como elegante, “El baile de los delfines”.

domingo, 29 de noviembre de 2015

MUJER ADMIRABLE

Hace ahora doscientos años, en 1815, tuvo que marchar de su casa la pintora y retratista Louise Elisabeth Vigée ante el conflicto bélico entre franceses y prusianos. Ella se trasladó a París, tenía sesenta años y disponía en su haber una gran cantidad de vivencias que halló en su mundo profesional dedicado al arte de la pintura.

De joven trabajó para la corte real francesa, huyó de la revolución francesa, viajó y residió en Italia, Austria, los Países Bajos, Rusia, Inglaterra… Conoció a reyes y reinas, a miembros de la nobleza, a intelectuales, banqueros y cardenales… Y aún así, ya desde que hubo tomado los pinceles siendo una niña, hasta ese momento se mantuvo fiel a su forma de ser y de pintar, inmersa en una dignidad humilde y natural, Era prudente y cuidadosa, amable y minuciosa, dulce y exquisita, segura y elegante. Y además, al ver sus autorretratos, descubrimos que también era muy guapa.

Tras de sí iba quedando su obra magistral, sus bellos cuadros, uno a uno, llenos de idealismo, de encanto, de colores claros y suaves, de refinamiento. Luisa Vigé continuó dibujando y pintando, en París. Vivió más de ochenta años y terminó publicando sus memorias. En ellas da detalle de momentos preciosos y duros de su vida, desde el amor hacia su hija, hasta la decepción por su marido o la negativa de los miembros de la Academia Real de Pintura para aceptarla. Sobrevoló con su talento aquella fascinante época del siglo XVIII, entre el neoclásico y el romanticismo.


Y hoy, como he comentado al principio, doscientos años después de aquellos días, tenemos la gran suerte, la gran oportunidad de ir a ver en vivo gran parte de su trabajo que se expondrá en el Grand Paláis de París, hasta el próximo 11 de enero de 2016.

lunes, 16 de noviembre de 2015

DÍA DE LAS LIBRERIAS


El pasado viernes 13 de noviembre se celebró por quinto año consecutivo el DIA DE LAS LIBRERIAS (en 2014 fue el 28 de noviembre). Lo organiza la CEGAL, Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, y consiste en una jornada de puertas abiertas donde todas las librerías puedan cerrar más tarde, a las 22 horas, para ofrecer descuentos y diversas actividades culturales como reclamo excepcional, que anime a la gente a comprar. Las Navidades están cerca y más de uno tendrá la oportunidad de regalar cultura. Claro está que un libro es una perfecta opción.

Vivimos en una sociedad que cree en el consumo y disfruta con él. Por regla general se acostumbra a comprar y a regalar productos de primera necesidad, como ropa y calzado. Demasiada incluso. También juegos,  artículos electrónicos, etcétera. Y, desgraciadamente, en último lugar queda la compra de libros, sobre todo los de papel.

Pasar por una librería y comprar una novela, un ensayo, un cuento o un libro técnico, es algo muy sencillo; leer es una magnífica acción intelectual, un interés hermoso que expande cultura y dignifica a la sociedad. La cantidad de libros consumidos dice mucho de un país.


En España hay más de 4.300 librerías pero debería haber más. Y, después de sufrir estos últimos años la caída del consumo de libros, en verdad sería un gran síntoma que las ventas se dispararan y marcaran la tendencia futura. El arte literario debe crecer, está en nuestras manos.

sábado, 31 de octubre de 2015

PENSAMIENTOS DE UN HOMBRE CELTA



"Dulces y castañas" 
Técnica acuarela 30x21

“Está anocheciendo. Atrás quedaron las jornadas de calor  y sabemos que los días helados asomarán por el horizonte.  Estamos entre dos tiempos muy diferentes.

Los campos ya están desnudos de hortalizas, de coles, calabazas y grano que tendremos que almacenar. Cada tarde el sol se pone antes y la oscuridad nos obliga a encender los candiles de casa,  con más prontitud. Dentro de varias lunas viviremos más tiempo en nocturnidad.

Tantos momentos de oscuridad nos hace recordar con más fuerza a los familiares y amigos que amamos y que ya no viven con nosotros. Los que sobrevivimos creemos que quizás sea éste el momento oportuno para que puedan acompañarnos, aunque sea por unos instantes. Sería un gran consuelo que estuvieran con nosotros.

Les pedimos que hoy regresen, a lo que fueron sus hogares y, para recibirlos, les iluminamos el camino con pequeñas brasas, colocadas dentro de algunos nabos que vaciamos. Encenderemos una vela por cada uno de ellos, recitando en voz baja una sencilla oración en su recuerdo.


Hoy tomaremos algunos dulces, castañas asadas y un poco de vino. Quizá después saldremos un momento afuera, junto al bosque, y contemplaremos las estrellas. Muy fijamente.”

sábado, 24 de octubre de 2015

COLORES VIVOS


Resulta curioso que un joven de treinta años, después de haber estudiado Derecho y Económicas, se decida a ser artista. Eso fue lo que hizo el ruso Basili Kandinski a finales del siglo XIX. Y no debió ser fácil, más aún cuando tuvo que estudiar en una academia privada por que al principio no le admitieron en la Academia de Arte de Munich. Parece mentira pero así fue.

Kandinski siempre creyó en el color, incluso lo interpretaba de una manera muy diferente: no era cuestión de rojo-cálido o azul-frío; él los relacionaba con los sonidos y las notas de un piano, las mismas que aprendió de muy joven cuando recibió clases de ese mismo instrumento y de violoncelo.

Después, su interés por descifrar y desarrollar la pintura le llevó a escribir dos libros,  influenciado por las ideas teosóficas de entonces cuyo criterio básico era que toda creación parte de un punto. Así es como empezó a pintar colores entre puntos y líneas.
Huyó de la Revolución rusa pues le recriminaban que su pintura era demasiado burguesa. Y más tarde tuvo que abandonar la Alemania nazi, porque le acusaban de ser un pintor degenerado. Es lo que tiene la política, que muchas veces se riñe con el Arte.  

Si queremos ver su interesante y extensa obra, estará expuesta en Madrid, desde estos días y hasta febrero próximo de 2016.


"El octubre colorista de Kandinski" 
técnica a rotulador 45x33 

sábado, 10 de octubre de 2015

RECUERDOS DE UN PINTOR

Escribir sobre la tristeza y sobre todo aquello que nos perturba siempre debe hacerse en pequeñas dosis.  Como un analgésico, es una acción que calma ese extraño sentimiento de dolor que perdura en lo más profundo de nuestra consciencia. A quién más y a quién menos la intensidad de ese dolor logra desequilibrar a las mentes de la manera más insospechada.

Hoy quiero escribir sobre esas mentes sensibles, esas que sufrieron el duro trance de tener que vivir momentos difíciles y angustiosos. La enfermedad y la muerte de familiares tan cercanos como los padres y los hermanos desembocan en un camino de soledad que se torna enrarecida; el polvo de ese camino no hace más que ahogarnos de por vida. Miedo al descubrir el lado más oscuro de la muerte, temor al comprobar que las sensaciones se convierten en  torbellinos de ansiedad, al sospechar que el dolor inicia una gigantesca espiral hacia la sinrazón y la incoherencia; directa a los indicios de la locura.


Quisiera referirme hoy a un pintor noruego que pasó por la situación que acabo de exponer. Vivió entre los siglos XIX y XX y murió en tiempos de  una trágica guerra mundial. Hoy recuerdo a Edward Munch, un artista que perdió a su madre a los cinco años, que vio morir a su hermana enferma a los catorce; que sufrió las obsesiones y el extraño carácter de su padre. Mi escrito de hoy es para recordar a un hombre que abandonó la carrera de ingeniería para dedicarse al Arte y la Pintura; para plasmar en sus cuadros todo un universo de tristes vivencias, imágenes de extrema expresión fijadas entre trazos y líneas gruesas que intencionadamente flotaban entre simbólicos colores. Un pintor hundido en la nostalgia, en el miedo, en la ansiedad, en una personalidad conflictiva y desequilibrada. Un hombre  dotado de extrema sensibilidad y convencido de que, según afirmaba, no pintaba lo que veía: pintaba lo que recordaba.

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