lunes, 17 de abril de 2017

AMANECE




 
Amanece en Sant Adrià de Besòs


Desde allí salía el sol en abiertas auroras.
Se quedaron las cañas y el arenal
al levantarse las chimeneas
devorando en silencio
frutales, cepas y cultivos.
El amanecer ya no es el mismo.

viernes, 11 de noviembre de 2016

CONSTRUIR






“Construir”, tal y como suena, no suena con atractivo. Dicha así, esta palabra no es más que un verbo, y además con tres consonantes, tan juntas como apretadas, que dejan sitio a un diptongo creciente. Se pronuncia sin un resultado musical, que sí se produciría en naranjos, madrugada o azul.

Una vez más, el contenedor no es el contenido. El hecho de construir ya es algo que despierta interés, es imaginación y grandeza. Y, puesto que es hacer algo utilizando los elementos adecuados, es un acierto. 

Construir una casa, un avión o una bicicleta puede ser algo tan provechoso como grande es construir una buena y amistosa relación laboral, una ciudad más próspera y un mundo más civilizado.

sábado, 20 de agosto de 2016

EL MAR DESDE SAN ADRIÁN DE BESÓS




 
El mar visto desde la playa de Sant Adrià de Besòs


Quizás ahora sea el mar
quien distraiga vuestros ojos
confundiendo espuma y sal.

Quizás sea el viento de jaloque
quien embista a las olas de golpes muy cortos y
arrastre con ello un vapor salobre
acariciando los sauces y las cañas del río,
burlados los pinos del arenal,
para alcanzar vuestra juventud dormida entre frutales y cultivos;
en los campos olvidados de
San Adrián de Besós.

sábado, 30 de julio de 2016

RÍES



Llueven lanzas de oro y sal
convirtiendo al madero en roble.
Qué minúsculos los miedos
por esta senda larga e interminable.
Inmortal…
sigues cuerda.

¿Sientes la caricia de las ramas
en tu reposo de realidad?
Me hechiza tu olor a campo de espliego
cuando, dibujada en tu corpiño y
cubierta de organdí,
despliegas tu velamen.

Y ríes…
hasta despertar.

"Vela latina" boceto a carboncillo y rotulador

jueves, 30 de junio de 2016

ARTE BARROCO EN LA NUEVA POLITICA

Hoy, después de años y años trazando las mismas rectas, cuando la sociedad está en crisis y se da cuenta de sus desgracias, una parte de ella dice querer cambiar en lugar de mejorar. Y, lejos de ello, se empeña en dejarse llevar por la actitud barroca de la sensualidad, del instinto, del alejamiento de los esquemas rígidos y clásicos.
Entre los siglos XVI y XVIII, puente entre el Renacimiento y el Neoclasicismo, el arte intentó desligarse de los esquemas clásicos, de aquellos que se basaban en la razón perfecta, en los equilibrios de las formas básicas y de las expresiones puras. Lo clásico siempre había sido algo superior que se tomaba como modelo, digno para ser imitado, una referencia que servía para hacer otras del mismo orden. Se quiso romper con esas concepciones tan rígidas, conseguir unas expresiones más acentuadas, donde las sensaciones eran más importantes que la racionalidad.
De ese modo se trazaron sinuosas curvas donde antes había líneas rectas, se pensaba en elipses y hélices en lugar de círculos y cuadrados. Se dejó de pintar en caballetes para colorear al fresco, en los muros. Esa actitud aparentaba desear un resultado más sensual, más atractivo y, en definitiva, algo más propio del instinto humano.
Sillón barroco. Dibujo a lápiz y tinta.
Pero no se desarrolló del todo, no evolucionó de forma clara y terminó por diluirse y, una vez más, se volvió la vista atrás, a las fuentes clásicas y por consiguiente, a un “nuevo” clasicismo.
Aún y así, después de ser juzgado como decadente y corrompido, al arte barroco se le reconoció su lucidez y coherencia.
Los hombres y las mujeres crean, mantienen, innovan y, cuando todo parece inventado, vuelven a innovar o vuelven a reinventar. Si no se diseña nada nuevo, entonces se vuelve al pasado y se recuperan ideas de otras épocas. Moderno y antiguo se solapan.
Tiempos de hastío y de aburrimiento para esa parte de la sociedad que ha sufrido, que quiere cambiar, como el arte del barroco. Quiere dibujar elipses y parábolas, curvas sinuosas. Quiere camisetas-protesta y camisas arremangadas para luego colocarse corbatas, siempre haciendo curvas con atajos de apariencia.
El tiempo dirá si esta política barroca de hoy será como lo fue el arte del siglo XVII: aparentemente corrompida y decadente, aunque lúcida y coherente al final.

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